El éxito de un tratamiento odontológico está en elegir el mejor momento.

Cuando el odontólogo nos dice que nuestro hijo debe llevar aparato para corregir un problema, son muchas las dudas que se nos presentan, aunque quizá la principal sea: ¿qué resultados tendrá una vez finalice el tratamiento?
Los expertos señalan que el éxito de los tratamientos odontológicos radica en elegir el mejor momento para llevarlos a cabo, de ahí la importancia de la detección precoz.
La primera revisión con el ortodoncista es recomendable hacerla en cuanto el niño comience con la dentición definitiva (en torno a los seis o siete años). En esa primera visita, el especialista valorará su desarrollo bucodental, y en caso de detectar alguna malformación esquelética o dentaria, se analizará el tipo de tratamiento a seguir y el mejor momento para llevarlo a cabo.

De este modo, puede haber niños que requieran de una ortodoncia temprana para corregir la posición de los dientes y mejorar su estética y funcionalidad. Pero en otros casos más graves podría ser necesario el uso de ortopedia dentofacial que, de no tratar a su debido tiempo, podría acabar derivando en costosos y complejos tratamientos en la etapa adulta, extracción de dientes o prótesis dentales.

Aprovechar los “estirones” en el crecimiento, clave para corregir ciertas maloclusiones.

Cuándo iniciar el tratamiento en este tipo de patologías más graves es atender a la edad ósea del paciencia, y no a la cronológica, a la hora de corregir ciertas maloclusiones y problemas de mordida de un modo más efectivo. Y es que guiarse por la edad del niño para iniciar un tratamiento de estas características podría ser un error, pues no todos se desarrollan por igual ni en los mismos tiempos.

En este sentido se aconseja aprovechar el “estirón puberal” del niño para iniciar determinados tratamientos, pues durante esta fase del crecimiento la cara y la mandíbula también crecen, y combinar el desarrollo óseo natural con el uso de brackets y/o aparatos que ayuden a los dientes a tener más espacio, podría resultar especialmente efectivo.

En definitiva, el diagnóstico precoz es clave para decidir cuándo es el momento idóneo para comenzar con un tratamiento ortodóncico, en función del tipo de problema a corregir y el desarrollo del niño.